Últimos temas
Buscar
 
 

Resultados por:
 


Rechercher Búsqueda avanzada

Ya a la venta
subir imagenes
El tiempo
Navegación
 Portal
 Índice
 Miembros
 Perfil
 FAQ
 Buscar
Visitas
contador de visitas
Contacto
subir imagenes

Homenaje a Manuel Montero Vallejo y la ponencia de José Manuel Castellanos

 :: Papelera

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Homenaje a Manuel Montero Vallejo y la ponencia de José Manuel Castellanos

Mensaje por Anne el Jue Mayo 24, 2012 5:14 pm

Hola a todos lectores y participantes del Foro del viejo Madrid

Ayer, miércoles 23 de mayo 2012, estuve en la calle Limonero al acto homenaje para Manuel Montero Vallejo. Como la acústica de la sala no permitía oír muy bien a los ponentes, pedí a uno de ellos, José Manuel Castellanos (Jose en nuestro foro), que me envie el pdf de su ponencia y me ha dado permiso para ponerla aquí. Así los que no pudieron asistir podrán leerla, es muy interesante y llena de datos tal vez desconocidos por los aficionados al Madrid medieval:

MANUEL MONTERO VALLEJO, EL ÚLTIMO GRAN MEDIEVALISTA MADRILEÑO

El primer libro de Manuel Montero Vallejo que leí fue Sótanos y Duendes de Mantua. Allí, él mismo se identificaba como “El maestro D. Manuel Montero Vallejo, cathedrático de Humanidades en la muy ilustre villa del Campo de Criptana, y natural de Mantua de los Carpetanos”. El libro formaba parte de la Biblioteca de Visionarios, Heterodoxos y Marginados de la Editora Nacional, y un poco de las dos primeras cosas –además de un mucho de atrevimiento- había de tener aquel autor para que unos años más tarde se especializara en el estudio de la historia medieval de Madrid, asunto confuso y lleno de lagunas al que prácticamente se había dado carpetazo académico hacía ya treinta años.

Buena parte de la documentación conservada en el Archivo de Villa y en el Histórico Nacional se había hecho pública a finales del siglo XIX y principios del XX, a lo largo de seis décadas irrepetibles de recuperación de fuentes escritas: en 1886 el padre Fidel Fita transcribió una gran cantidad de documentos madrileños de los siglos XII, XIII y XIV. Entre 1888 y 1909, Timoteo Domingo Palacio publicó los cuatro tomos de sus Documentos del Archivo General de la Villa de Madrid. Y algo más tarde, entre 1932 y 1943, fue Agustín Millares Carlo quien sacó a la luz dos nuevos tomos de una segunda serie de Documentos del Archivo General.

En conjunto, pues, poco después de 1943 había ya disponible una ingente cantidad de fuentes escritas del Madrid medieval que abarcaban desde el año 1118 hasta el 1521 y que habrían permitido elaborar una historia medieval de nuestra villa seria y rigurosa. Esta tarea, sin embargo, nunca se acometió, y la interpretación, ordenación y ensamblaje de todos aquellos documentos quedaron pospuestos para un futuro al que no se fijó fecha alguna.

Inmediatamente después, en esa misma década de 1940, eclosionó una muy notable generación de investigadores, que por primera vez intentaban reconstruir nuestro pasado medieval, si bien de manera dispersa y fragmentaria. En 1945, Elías Tormo escribía, utilizando sobre todo documentación gráfica, su imprescindible y críptico libro sobre las desaparecidas murallas de Madrid, siempre citado, pocas veces leído de cabo a rabo y raramente entendido al cien por cien. Entre 1948 y 1970, Agustín Gómez Iglesias investigaba, siempre a partir de fuentes documentales, nuestro antiguo Alfoz, el Fuero, la puerta de Guadalajara, el barranco del Pozacho o los arrabales. En 1954, Fernando Urgorri Casado recomponía con todo detalle el ensanche de la villa durante el siglo XV, basándose también en una recuperación minuciosa de fuentes de la época. Y en 1958, finalmente, Jaime Oliver Asín, a partir esta vez de su condición de arabista, daba vida a un verosímil Mayrit musulmán, a su nombre, sus pobladores y sus aguas.

El pasado medieval de Madrid, por lo tanto, había comenzado a salir a la luz, pero lo había hecho con un formato poco accesible, más adaptado al estudioso avanzado que al curioso eventual. Leer a Tormo (entendiéndolo, claro) era, es y será siempre una tarea ardua y desesperante. Gómez Iglesias acertaba usando como fuente única el documento de época, pero eso le mantenía en terrenos eruditos difíciles de transitar. Urgorri Casado, por su parte, publicó su trabajo en la Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo del Ayuntamiento de Madrid, y por ello permaneció inaccesible para el gran público. Quizá fue Oliver Asín el más leído de los cuatro, aunque es indudable que su obra quedaba todavía enormemente lejos de lo divulgativo.

Ninguno de ellos, además, había alcanzado a considerar el Madrid medieval como un todo: arquitectura, gentes, desarrollo urbano, oficios, economía, gobierno, devenir histórico, costumbres y devociones. Tormo, Gómez Iglesias, Urgorri y Oliver siguen siendo de lectura obligada para el amante de nuestro pasado, pero sus aportaciones, aunque valiosísimas, no dejan de ser parciales.

Así pues, estábamos en 1958 y la investigación sobre el Madrid más antiguo frenó de golpe, sobre todo en lo relativo a la estricta elaboración histórica. Tan sólo continuó abierto el frente de la recuperación de fuentes, aunque a un ritmo bastante pausado, y en 1932 se comenzaron a transcribir las actas del Concejo madrileño, labor que, a saltos, continuó viva hasta 1987, habiéndose publicado en ese momento las actas concejiles escritas entre 1464 y 1515.

De este modo, y a falta de nuevas aportaciones históricas que continuaran el trabajo de los insignes madrileñistas de las décadas de 1940 y 1950, el interés por nuestra Edad Media habría de quedar en suspenso durante casi tres décadas.

Esta larga travesía por el desierto se quebró afortunadamente en 1987, de la mano de un historiador que conocía a la perfección las fuentes documentales coetáneas y que se propuso encajar en un todo coherente esa multitud de datos dispersos que otros habían infrautilizado. Ese año apareció un libro atípico y ciertamente inclasificable para los usos del momento: El Madrid Medieval, escrito por aquel autor que pocos años antes, y quizá de forma preventiva, había aceptado sin reparo alguno publicar bajo la etiqueta de visionario, heterodoxo y marginado. Era Manuel Montero Vallejo, el de los Sótanos y Duendes, quien retomaba así, con autoridad y atrevimiento, la investigación interrumpida y se convertía en el primero que aceptaba el reto de recomponer todas las piezas del mosaico y volver a poner de actualidad a la villa medieval.

Y Manuel Montero fue consciente desde el primer momento de ese gran vacío sobre el que se cimentaba su obra. En la contraportada de la primera edición de este libro, escrita sin duda por su propia mano, se lee lo siguiente: “Desaparecidos los pocos, pero grandes, especialistas –Oliver, Gómez Iglesias, Tormo-, la investigación sobre el Madrid medieval ha pasado por decenios de silencio, sólo roto por los evidentes progresos en el campo arqueológico. Además, los estudios pretéritos fueron escasos y parciales y faltaba la indispensable síntesis que permitiera captar la auténtica entidad de ese Madrid que se nos antojaba tan remoto”.

E insistía sobre ello en el prólogo de la nueva edición del mismo libro, de 2003: “Cuando empezamos a investigar en nuestra Edad Media estábamos solos, a excepción del empeño de unos pocos arqueólogos. Autores como Oliver Asín y Gómez Iglesias habían fallecido por entonces, y, con ser muy valiosas sus aportaciones, no manejaron determinada documentación, o constriñeron su utilización a aspectos muy concretos; Urgorri había abandonado este campo de investigación; los pioneros, como Fita, Domingo y Cambronero, apenas eran citados, y los valiosos fondos documentales por ellos rescatados no se habían empleado con las posibilidades que ofrecían (...). Los ya abundantes estudios sobre arte e historia de la Edad Moderna daban la sensación de que la ciudad comenzaba entonces su andadura: existía desconocimiento global acerca de su pasado”.

Éste de El Madrid Medieval es seguramente el libro que mejor resume el trabajo madrileñista de Manuel Montero Vallejo, y se ha convertido en manual de referencia para todo aquel que desea acercarse al pasado de la villa. A mi entender completa una trilogía de lujo con Las Murallas del Madrid de la Reconquista de Tormo y la Historia del nombre Madrid de Oliver Asín.

El libro es, de forma rotunda, el primero que se acerca de modo global al Madrid de la Edad Media y, por ello, también el primero que intenta dar respuesta cabal a las numerosas preguntas que ese Madrid desaparecido plantea. Surge –volviendo a utilizar las propias palabras de la contraportada- “como una síntesis en la que se muestra una perspectiva coherente sobre la evolución de Madrid desde que se documenta el primer poblamiento urbano en la comarca hasta su plenitud como villa medieval”. Una simple lectura superficial del índice confirma el retrato de cuerpo entero que Montero decidió ofrecernos de Madrid: el primer Mayrit, la Almudena, la medina y los arrabales; el Alfoz; la muralla cristiana; las colaciones; la población cristiana, judía y musulmana; el crecimiento de la villa; instituciones, policía y urbanismo; las profesiones, la industria y el mercado.

Tan sólo un año después, en 1988, salió a la luz su segundo título, Origen de las calles de Madrid, que de alguna forma venía a ser una continuación del primero. En esta ocasión, el trabajo de Montero consistió –usando palabras suyas- “en rescatar del olvido secular aquellas calles que en ocasiones ya no existen, pero constituyeron células vivas de un cuerpo que, poco a poco, se fue formando, creció y constituyó la base del gran Madrid de nuestros días. Pide el autor benevolencia y respeto, aunque sólo sea porque la calle que hoy paseas es la misma o heredera de la transitada por tus remotos abuelos... Se trata de presentar los ejes ciudadanos como protagonistas, de elaborar un callejero del Madrid medieval, con todas sus limitaciones, que son bastantes”.

Y muy poco después, en 1990, publicó su tercera gran obra, Madrid musulmán, cristiano y bajomedieval, posiblemente el más asequible de los tres para los lectores con menor formación histórica previa. Apoyándome por enésima vez en sus propias palabras, este libro era “una explicación práctica de El Madrid Medieval y Origen de las calles de Madrid... Trata de explicar, por medio de paseos sumamente documentados, la evolución puntual de los diversos sectores de la geografía matritense desde sus orígenes. Esta guía ha de ser muy útil para profesores, estudiosos y amantes de la historia madrileña... Queremos aquí resucitar el viejo concepto de paseo, pero enriquecido por los datos documentales que poseemos y por las aportaciones de los estudiosos de asuntos madrileños”.

Además de estos tres libros básicos, Montero estudió numerosos aspectos puntuales de la historia medieval madrileña. Fue, hasta donde yo sé, el único investigador que prestó atención a la cámara subterránea situada en el arranque de la cuesta de la Vega, junto a la entrada de la cripta de la Almudena, que al día de hoy sigue siendo desconocida para más de un estudioso. Trabajó también sobre diversos personajes notables del Madrid de los siglos XV y XVI: el contador mayor Alfonso Álvarez de Toledo, el primer señor de Barajas Ruy Sánchez Zapata, el secretario y regidor Diego González de Madrid y otros. Investigó el significado de nuestra Virgen de la Flor de Lis y de las parroquias de San Juan y de San Miguel. Y no hubo, en suma, aspecto del Madrid medieval, por nimio que fuera, por el que Manuel Montero no sintiera curiosidad.

De forma particular, una de las grandes aportaciones de Montero, y la que para mí revela una mayor osadía, fue la de dibujar en papel aquel Madrid medieval que él había recompuesto documentalmente. La gran dificultad de este tipo de trabajo radica en que la correcta interpretación de lo contenido en las fuentes escritas requiere múltiples comparaciones con otros textos, revisiones continuas y una buena dosis de intuición. Sin embargo, es una tarea tremendamente valiosa, que facilita en grado sumo las aportaciones posteriores de otros estudiosos y que resulta imprescindible para que la investigación pueda ajustar cada vez más sus conclusiones.

De los cuatro medievalistas clásicos que se han mencionado antes, sólo Fernando Urgorri había acometido el ingrato trabajo de situar sobre el plano los datos urbanos contenidos en los documentos, ciñéndose sobre todo a las cavas, los arrabales y el Arenal. Montero Vallejo continuó lo emprendido por Urgorri, pero extendiendo su trabajo a todos los aspectos del Madrid medieval: desarrollo urbano general, trazado viario, zonas específicas de la villa (barranco de San Pedro, arroyo del Arenal, plazas de San Salvador y del Arrabal), sociedad, actividades económicas, etc.

Sus dibujos, que todos tenemos en mente, eran tremendamente personales, siempre a mano alzada, abigarrados pero de interpretación limpia, dibujados en apariencia con la prisa de quien tiene muchos datos que consignar y no quiere olvidar ninguno, lo bastante ajustados al plano real de Madrid como para ser de utilidad pero manteniendo esos mínimos márgenes de indefinición que pueden permitir ajustes posteriores más finos.

Su reconstrucción de la realidad material de aquella villa casi desaparecida es ejemplar, y a pesar de las matizaciones que otros estudios o hallazgos puedan introducir en ella, es uno de los pilares básicos en los que cualquier investigación futura habrá de apoyarse.

Con la pérdida de nuestro gran medievalista se abre una tercera fase en el trabajo de reconstrucción de nuestro pasado, tras el agotamiento de aquella primera de recuperación archivística de finales del siglo XIX y principios del XX y de la segunda de investigación bibliográfica y documental que ocupó las décadas centrales del siglo XX, y que 30 años después sería continuada y brillantemente clausurada por Manuel Montero.

Parece razonable pensar que la investigación sobre el pasado madrileño sólo podrá progresar en el futuro si se abre una nueva vía de estudio, aquélla que intente aunar el cuerpo documental conocido (ése mismo que Montero ha puesto a nuestra entera disposición en sus textos) con los escasos (pero difíciles de ignorar) hallazgos arqueológicos últimamente realizados. Y es precisamente al proponer una tarea de este
tipo cuando la pérdida de Manuel Montero se me antoja más irreparable.

Es cierto que desde 1943 esta disciplina auxiliar de la Historia ha estado presente en ese delicado trabajo de recomposición que nos ocupa. Elías Tormo en esa fecha y Oliver Asín una década después advirtieron la naturaleza medieval de sendos restos de muralla aparecidos en la calle de la Escalinata y en el parque actual del Emir Mohammed I.
A estos hallazgos fueron sucediendo otros de forma casi ininterrumpida a lo largo del recorrido de la que había sido muralla cristiana de Madrid, hallazgos que corroboraban lo ya conocido a partir de la documentación gráfica existente.

Montero había completado en lo básico su trabajo documental al terminar la década de 1980: la primera edición de El Madrid Medieval es de 1987; el Origen de las Calles es de 1988; y el Madrid musulmán, cristiano y bajo medieval, de 1990. En esos años y los siguientes, hasta 2004, se realizaron bastantes intervenciones arqueológicas con nuevos hallazgos de restos materiales en el solar medieval de Madrid: en la calle de Don Pedro, plaza de los Carros, Cava Baja, plaza de Puerta Cerrada, calle de Cuchilleros y Cava de San Miguel.

Todas estas intervenciones afectaban a solares por los que atravesaba la muralla cristiana del siglo XII, y sus resultados vinieron a confirmar en lo esencial lo ya conocido por planos y documentos. Aquí, la arqueología caminó perfectamente de la mano con la investigación histórica documental, brindándole las pruebas materiales de las que ésta, por su propia naturaleza, carecía.

En las dos últimas décadas, sin embargo, este camino en paralelo podría haberse quebrado, al menos parcialmente. En las recientes grandes intervenciones de la plaza de Oriente y de la plaza de la Armería, las conclusiones de los arqueólogos han estado acompañadas de polémica, pues se contraponían en alguna medida a lo afirmado o sugerido por las fuentes documentales. Pudo haber, y esto es opinión personal, alguna precipitación al interpretar los resultados arqueológicos. Es cierto que la Historia no puede ignorar los hallazgos materiales que van teniendo lugar, aunque ello la obligue a modificar sus hipótesis iniciales, pero tampoco la Arqueología puede hacer caso omiso de aquello que documentalmente parezca admitir poca duda.

El propio Manuel Montero se mostró reacio a modificar alguno de sus planteamientos iniciales en función de los pocos nuevos datos aparecidos en aquellas dos excavaciones, pues a su entender éstas (y uso de nuevo palabras suyas) «no han contribuido a resolver el problema, sino a añadirle nuevos interrogantes. Sin embargo, las apreciaciones efectuadas tras aquéllas no se han plasmado en la adecuada memoria, y sólo se conocen informes o simples pinceladas fragmentarios, que entendemos no probados suficientemente, cuando no contradictorios en relación con lo expresado por los documentos».

Creo que la actitud que mantuvo Montero es la deseable tras cualquier nuevo hallazgo arqueológico. Una suma de reticencia, escepticismo, prudencia y convencimiento de que si estamos hurgando en un pasado del que nos separan diez siglos no se pierde nada por dejar pasar unos días, unos meses o, si se me apura, unos años para buscar sin ninguna prisa el encaje más razonable a esos nuevos e inesperados datos arqueológicos que, de momento, chocan con la parte del rompecabezas que ya creíamos recompuesta.

El interés que hoy despiertan los estudios sobre el Madrid medieval es apreciable, y cualquier hallazgo o aportación sobre aquella época son siempre acogidos con alborozo y avidez por un grupo relativamente nutrido de aficionados perseverantes a los que no desalientan las numerosas zonas de sombra que todavía presentan aquellos siglos tan lejanos.

A todos ellos (unos cuantos de los cuales nos acompañan hoy) quiero también rendir aquí mi pequeño homenaje, pues no pocas veces su interés por nuestro pasado llega a ser mucho más vehemente que el de los propios investigadores profesionales. Varios de los que aquí estamos fuimos testigos directos hace unas semanas de cómo unos arqueólogos de renombre se quedaban admirados ante la pasión con la que estos aficionados se acercaban a ese tema tan áspero y lejano del Madrid medieval; admiración que me pareció teñida con un puntito de envidia.

Es evidente que todos estos aficionados recalcitrantes, entre los cuales me incluyo, debemos mucho a Manuel Montero Vallejo, del que todos nos sentimos discípulos. Si no hubiera existido su figura, o si él hubiera dedicado su trabajo a otro campo o momento de nuestra historia, este interés actual por el medievo de la villa no habría tenido ocasión de prosperar, y para el común de los madrileños Madrid habría surgido milagrosamente de la nada cuando Felipe II decidió establecer aquí la capitalidad.

José Manuel Castellanos Oñate
avatar
Anne

Mensajes : 1441
Fecha de inscripción : 22/07/2010

Volver arriba Ir abajo

Re: Homenaje a Manuel Montero Vallejo y la ponencia de José Manuel Castellanos

Mensaje por mary fely el Jue Mayo 24, 2012 10:00 pm

Gracias Maya por enviarnos la ponencia de nuestro querido y estimado José Manuel Castellanos, la cual me ha parecido perfecta, ya que ha sido muy sincero y nos ha presentado a nuestro querido profesor, como era y ha resaltado que gracias a él y de la forma que escribía, ha dejado una huella y una semilla que servirá para dar a conocer este apasionante Madrid, que ya no hay forma de pararlo, si le has seguido en sus enseñanzas.

Saludos,
Mary Fely

mary fely

Mensajes : 972
Fecha de inscripción : 24/07/2010

Volver arriba Ir abajo

Re: Homenaje a Manuel Montero Vallejo y la ponencia de José Manuel Castellanos

Mensaje por rafa el Vie Mayo 25, 2012 12:34 am

Gracias Maya

Todos estos maestros de la historia matritense, en este caso y en especial el profesor Manuel Montero Vallejo, ha hecho no solo que aprendamos a querer nuestra ciudad, sino que además sigamos interesándonos e indagando en las raíces misteriosas de Madrid.

Como bien dice José Manuel Castellanos Oñate en sus últimas frases, si no llega a ser por él y otros muchos... "para el común de los madrileños Madrid habría surgido milagrosamente de la nada cuando Felipe II decidió establecer aquí la capitalidad".

Y he aquí mi indignación ( si los foreros me permiten expresarla):
Vale que fuera de Madrid no se tenga constancia, o bien a nadie le interese la historia de la capital de su país, quizás en nuestra España se sepa más la historia del Real Madrid, del Barsa, o del Recreativo de Huelva, pero seguro que además todos se interesan por la historia de su ciudad, pueblo o aldea.

Pero aquí en Madrid parece pecado compartir con tu prójimo tus conocimientos matritenses, difícil es hablar con tus amigos, compañeros o familiares de los orígenes de Madrid sin que te escuchen como a un bicho raro, si, quizás lo acepten como pura anécdota, como quien ve y escucha un documental de chimpancés en la dos de televisión española en plena hora de la siesta.
Es increíble, la ignorancia de la mayoría de los madrileños hacia su propia ciudad, la poca curiosidad que sienten sobre el suelo que pisan, la pasividad de su mirada ante un resquicio del Madrid antiguo, ¡que aún hay madrileños mayores de edad, que ignoran que hubo un Madrid amurallado, que no tienen ni idea de dónde se encuentra la Cuesta de la Vega!
Por otra parte tenemos a los políticos, a los ministros o concejales de educación, a los responsables de la juventud en el ayuntamiento, que no han hecho NUNCA nada por dar a conocer la historia de Madrid SIN maquillajes NI discursos politicamente correctos que aburren hasta al más madrileñista.

Por otra parte tenemos a una nueva generación de arqueólogos, que por suerte no son todos ni están todos en Madrid, que lo veraz y autentico es lo que se demuestra con pruebas tangibles... restos encontrados en una pequeña porción de terreno... lo que haya más " pa ca" o más pa lla" hasta que no me lo manden y me unten bien por el jornal, de mi boquita no va a salir "na" y a Madrid me lo encontré en el Rastro.

Tanto Manuel Montero Vallejo, como el resto, nos han enseñado que los orígenes de Madrid, y ahora ya no me refiero solo al Magerit musulmán, sino al premusulmán, no solo son teorías con fundamento, además son auténticos axiomas.

Gracias por leerme.
avatar
rafa

Mensajes : 372
Fecha de inscripción : 04/04/2011
Edad : 48
Localización : madrid

http://rafamartin.tereso@gmail.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Homenaje a Manuel Montero Vallejo y la ponencia de José Manuel Castellanos

Mensaje por PedroMix el Lun Jun 04, 2012 7:59 pm

Buenas tardes a todos y todas:

Aquí irá situada la calle de Manuel Montero Vallejo, entre la Avenida de Córdoba y la calle de Antonio López, ambas antiguos trazados de la carretera de Andalucía por la que se iba de Madrid a Villaverde, distrito este último donde don Manuel ejerció su labor como profesor de Historia del Arte:


Ver mapa más grande

Hasta la fecha era un trozo de vial sin nombre entre edificios nuevos que se consideraba como un anexo de la calle de Antonio López.
avatar
PedroMix

Mensajes : 226
Fecha de inscripción : 23/07/2010
Edad : 42
Localización : Paso un buen rato haciendo el pato (por Chamberí y Argüelles)

http://www.gateravilla.es

Volver arriba Ir abajo

Re: Homenaje a Manuel Montero Vallejo y la ponencia de José Manuel Castellanos

Mensaje por mary fely el Lun Jun 04, 2012 8:14 pm

Gracias PedroMIx por la grata noticia que nos das; por fin nuestro querido profesor tiene su calle, y en un lugar donde él impartía sus clases de Historia cheers

Saludos, Mary Fely

mary fely

Mensajes : 972
Fecha de inscripción : 24/07/2010

Volver arriba Ir abajo

Re: Homenaje a Manuel Montero Vallejo y la ponencia de José Manuel Castellanos

Mensaje por Anne el Mar Jun 05, 2012 12:12 am

Un artículo de Pedro Esteve:

http://www.diarioprogresista.es/madrid-honrara-con-una-calle-al-profesor-manuel-montero-vallejo-13127.htm

Maya

PedroMix, tu mapa, de repente, ya no se abre. Repongo el enlace que me diste:
https://maps.google.com/maps?q=avenida+de+cordoba+madrid&hl=es&ie=UTF8&ll=40.385148,-3.696599&spn=0.001246,0.001725&sll=37.0625,-95.677068&sspn=42.310334,56.513672&hq=avenida+de+cordoba&hnear=Madrid,+Comunidad+de+Madrid,+Espa%C3%B1a&t=h&z=19
avatar
Anne

Mensajes : 1441
Fecha de inscripción : 22/07/2010

Volver arriba Ir abajo

Re: Homenaje a Manuel Montero Vallejo y la ponencia de José Manuel Castellanos

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 :: Papelera

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.