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El Museo de Pinturas y la Academia de San Fernando, vistos por Théophile Gautier

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El Museo de Pinturas y la Academia de San Fernando, vistos por Théophile Gautier

Mensaje por Anne el Dom Dic 10, 2017 11:31 pm

Hola a los lectores del Foro

En una comida amistosa de amantes de Madrid, recibí de parte de dos amigos un libro de 260 páginas en facsimil que deseaba mucho leer: Viaje por España de Théophile Gautier, admirado escritor y poeta francés. En compañía de Eugène Piot, se marchó para España el 5 de mayo 1840 y visitó el país hasta el 7 de octubre del mismo año. Primero, editó sus cuadernos de viaje Viaje por España y, años más tarde, publicó unos curiosos poemas reunidos bajo el título de España, en 1845.
Primero os copio lo que dice del Museo de Pinturas que es lo único realmente bueno que debemos a Fernando VII, así como de la Academia de San Fernando. Podemos observar la gran admiración que siente Gautier por Goya y también que, en 1840, la maja desnuda no aparecía en el edificio Villanueva (estaba escondida en La Real Academia de San Fernando). No estuvo expuesta en el Museo del Prado hasta 1901. En cuanto a la maja vestida, parece que sí,  el viajero pudo verla en la Academia de San Fernando ("una encantadora mujer con traje de española echada en un diván").

"El Museo de Pinturas de Madrid es de extraordinaria riqueza. Abundan en él los Tiziano, los Rafael, los Veronés, los Rubens;   los Velázquez, los Rivera y los Murillo. La traza del edificio no carece de gusto, sobre todo en el interior. Los cuadros están bien iluminados, y, aunque la fachada que da al Prado no es agradable, la construcción en conjunto honra al arquitecto Villanueva. En la Academia de San Fernando pueden admirarse también algunos cuadros, como la Fundación de Santa María la Mayor y Santa lsabel lavando la cabeza a los leprosos. Dos o tres magníficos Rivera, un entierro del Greco que tiene trozos dignos del Tiziano, y un boceto fantástico del mismo Greco que representa unos frailes disponiéndose a hacer penitencia, cuadro que sobrepuja a todo lo que Lewis o Ana Radcliffe han podido imaginar de fúnebre y misterioso. Hay también una encantadora mujer con traje de española echada en un diván, obra del buen viejo Goya, el pintor nacional por excelencia.

En Francisco de Goya y Lucientes puede reconocerse todavía al nieto de Velázquez. Goya es un pintor extraño, un genio especialísimo. Nunca se ha visto una personalidad más original; ningún pintor español fue nunca tan característico. Por su vida aventurera, por su pasión y por su talento, Goya debía pertenecer a una de las épocas más florecientes del arte y, sin embargo, es casi un contemporáneo nuestro, puesto que murió en Burdeos en 1828. Goya produjo mucho, pintó asuntos religiosos, retratos, hizo aguatintas, litografía, aguafuertes, escenas de costumbres y en todo dejó la traza de su vigoroso talento. Hasta en sus dibujos más modestos se advierte la garra del león. Hay en él una extraña mezcla de Velázquez, Rembrandt y de Reynolds, pero si recuerda a estos abuelos, sin imitación servil, lo hace como un niño más por predisposición nativa que con propósito deliberado. La individualidad de este artista es tan fuerte y tan decidida que no es tarea fácil dar una idea de él.

Goya no es un caricaturista como Hogarth, amburry o Cranach—Callot, se le acerca más— Callot, mitad español y mitad húngaro; pero Callot es neto fino, exacto a pesar de sus actitudes y de la fanfarronería de su técnica. Las composiciones de Goya parecen noches lóbregas en las que algún rayo de luz limita de pronto finas siluetas y extraños fantasmas. Es una mezcla de Rembrandt, de Watteau y de los extravagantes caprichos de Rabelais.

Los dibujos de Goya están ejecutados al aguatinta, y acentuados con aguafuerte. No hay nada más franco, más abierto, más espontáneo; con un trazo da expresión a una fisonomía y una mancha obscura proyecta o deja adivinar sombríos paisajes a manera de forma.

Parece que las caricaturas de Goya encierran alusiones políticas, pero esto no abunda. Las alusiones tratan de Godoy, de la vieja duquesa de Benavente, de los favoritos de la reina y de algunos grandes señores de la Corte, cuyos defectos e ignorancia ponen de relieve. Goya hizo algunos otros dibujos para su amiga la duquesa de Alba, que se ocultan cuidadosamente sin duda para evitar que se saque de ello las consecuencias lógicas. Los hay que dedican su atención al fanatismo, a las glotonerías y a la estupidez de los frailes; otros representan escenas de costumbres o, de brujerías.

La lámina Buen viaje, que representa un vuelo de demonios—alumnos del seminario de Barahona que huyen velozmente hacia algún lugar desconocido— es admirable por la energía y la fuerza del movimiento. La colección termina con estas palabras:

"Es la hora. El gallo canta, los fantasmas se desvanecen" y nace la luz.
¿Qué alcance debe darse al sentido estético y moral de la obra de Goya? Lo ignoramos; sin embargo, parece que el artista expresó su opinión en uno de sus dibujos, que representa un hombre con la cabeza apoyada en el brazo y alrededor del cual revolotean búhos, lechuzas y grullas. El título de este dibujo es
El sueño de la razón produce monstruos. Es cierto, pero es una verdad muy penosa. Produjo también Goya otras obras: la Tauromaquia, colección de treinta y tres láminas; las escenas de La invasión, veinte dibujos; las aguafuertes de Velázquez, etc., etc. Las escenas de la invasión (o Desastres de la guerra) ofrecen una franca analogía con los Malheurs de Callot. Sólo se ven ahorcados, pirámides de muertos, a quienes se está robando, mujeres a quienes se viola, heridos a quienes se arrastra, fusilamiento de prisioneros, conventos saqueados, pueblos fugitivos, familias en la miseria, patriotas ahorcados... Todo ello tratado de una manera fantástica y con unas actitudes inauditas que nos hacen pensar en una invasión de tártaros.

Entre estos dibujos, fácilmente explicables, hay uno misterioso y terrible, cuyo sentido, apenas entrevisto, está colmado de horror y de convulsión. Es un muerto a medio enterrar, que se incorpora apoyado sobre el codo, y con su mano fría escribe, sin mirar, en un papel que tiene al lado una palabra que, por lo sombría, es digna del Dante: Nada. Alrededor de su cabeza, que tiene bastante carne para resultar más trágica que un cráneo pelado, se arremolinan apenas visibles la oscuridad de la noche, monstruosas quimeras que fosforecen aquí y allá lívidamente. Una mano fatídica sostiene una balanza, cuyos platillos se vuelcan. ¿Es posible concebir nada más desolador y siniestro?

La vida de Goya fue larga, pues murió en Burdeos teniendo más de ochenta años. En la tumba de Goya está enterrado también el viejo arte español; todo un mundo desaparecido para siempre de toreros, majas, manolas, frailes, ladrones, alguaciles y brujas. Todo el pintoresquismo de la Península.

Goya aún llegó a tiempo para recoger todo esto; creía no hacer más que caprichos, pero lo que hizo fue reproducir toda la historia de la España antigua, creyendo servir a las nuevas ideas y creencias. Sus caricaturas llegarán a ser monumentos históricos."


En un próximo mensaje, os citaré lo que escribe del Buen Retiro nuestro viajero del siglo XIX.

Saludos
Anne

Vuestra crítica positiva o negativa de lo que escribe el autor francés será bienvenida.
Con un Wink a Florentino Areneros.
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Anne

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