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La casa de Vicente Aleixandre en la colonia Metropolitano

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La casa de Vicente Aleixandre en la colonia Metropolitano

Mensaje por PedroMix el Lun Jun 29, 2015 9:50 am

Artículo publicado hoy por Belén Bermejo en EL CONFIDENCIAL que denuncia el estado de abandono del inmueble, y en general, el pasotismo que hay en España con las que fueron casas de nuestros cerebros:

http://blogs.elconfidencial.com/cultura/tribuna-de-expertos/2015-06-29/las-casas-de-nuestros-poetas-se-caen-a-trozos_904587/

Las casas de nuestros poetas se caen a trozos

Un pequeño muro desconchado y una puerta metálica desvaída con aires destartalados esconden una casa de ladrillo que tiene nombre desde hace muchos años
Velintonia, la casa de Vicente Aleixandre y centro de reunión de la Generación del 27

Un cartel de «se vende» en un balcón, colgado precariamente —e incluso parece que con cierto apresuramiento aunque lleva más de un lustro allí—, recibe al visitante cuando llega al número 3 de la calle Vicente Aleixandre. Si se dice de corrido la dirección en cualquier conversación, nadie levanta una ceja en un gesto de interrogación ni se pregunta qué puede haber en esta calle tranquila, silenciosa y anodina, rodeada de colegios mayores y universidades privadas, en la que sólo rompen el silencio las ambulancias de la clínica Santa Elena.

Un pequeño muro desconchado y una puerta metálica desvaída con aires destartalados esconden una casa de ladrillo que tiene nombre desde hace muchos años: Velintonia. En ella vivió un poeta desde 1927 hasta que falleció, en 1984. El poeta, de salud quebradiza desde muy joven, no frecuentaba demasiado los salones y los cafés de Madrid y siempre prefirió ejercer de anfitrión y convocar en su casa. Así, Velintonia se convirtió poco a poco en la casa de la poesía, primero frecuentada por los poetas de la Generación del 27 y después por generaciones posteriores de jóvenes escritores (la del 36, la del 50, los novísimos), que acudían allí casi como cita obligada en su incipiente carrera literaria.

En 1984 se empezó a cerrar la casa. Cayó en el olvido, igual que su propietario, Vicente Aleixandre, Premio Nobel de Literatura en 1977. Los muros pronto ignoraron que por allí habían desfilado Gerardo Diego, Federico García Lorca, Miguel Hernández, Carlos Bousoño, José Caballero Bonald, José Ángel Valente, Francisco Brines, Claudio Rodríguez, Pere Gimferrer, Vicente Molina Foix o Guillermo Carnero, entre otros. Aleixandre era un hombre generoso y bueno que siempre brindó ayuda a todos los poetas que empezaban a escribir. Decía Brines sobre sus visitas al chalet de Metropolitano: «Le leías tus versos y luego los leía él en voz alta. Su entonación los hacía mejores. Salías de allí enfervorizado». Y son muchos los que consideran a Aleixandre su maestro, como Gimferrer —con versos curtidos con él a la «llum de Velintònia»—, que incluso dedicó parte de su discurso de ingreso en la Real Academia a Vicente y a su casa.

En Inglaterra se creó en 1895 una institución llamada National Trust for Places of Historic Interest or Natural Beauty, más conocida como National Trust o NT, con el fin de gestionar lugares históricos o de especial interés. En la actualidad, este organismo se encarga de cuidar y preservar prácticamente todas las residencias de escritores del país. Y así, el viajero puede visitar la casa natal de Shakespeare, los distintos hogares de Jane Austen, la casa campestre de las Brontë, la de Beatrix Potter, y un largo etcétera, y todas están hechas un primor.

En España ni tenemos National Trust ni tenemos nada. Ni siquiera voluntad (y sensibilidad) política ni conciencia cultural para reparar las casas destrozadas de escritores patrios. El caso de Velintonia es flagrante. Si ya de por sí la muerte de Aleixandre dejó litigios importantes a causa de la propiedad de su archivo y de su biblioteca (la voluntad del poeta fue que Carlos y Ruth Bousoño se quedaran con ella), el futuro de su casa lleva casi veinte años dirimiéndose, sin haber llegado todavía a ningún acuerdo. En 1995 comenzó la campaña de denuncia del estado del chalet, impulsada por José Luis Cano y por la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre. Se recogieron firmas, pero no se obtuvo nada más.

En España ni tenemos National Trust ni tenemos nada. Ni siquiera voluntad (y sensibilidad) política ni conciencia cultural para reparar las casas destrozadas de escritores patrios

Diez años después, en 2005, se celebró una concentración frente a la casa que reunió a numerosas personalidades de la cultura. La noticia saltó a los medios de comunicación y desde las instituciones escucharon las propuestas de los herederos de Aleixandre, cuyo objetivo principal siempre ha sido que se convierta en la Casa de la Poesía, un centro de documentación y estudio de la poesía española del siglo XX, con especial énfasis en la crítica de la obra de Aleixandre. En un pleno celebrado ese mismo año, sin embargo, no se llegó a ningún trato y dos años más tarde, en 2007, con las partes sentadas a dialogar —Amaya Aleixandre, en representación de la familia, el Ministerio de Cultura, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento—, siguió sin alcanzarse un entendimiento.

La casa, mientras tanto, acabó sumiéndose en el más total y absoluto abandono: el interior luce completamente desnudo; los balcones exhiben unas rejas metálicas de cierre que recuerdan a tiendas baratas de barrio; y el jardín, donde se alza imponente el cedro que el propio Aleixandre plantó tras la Guerra Civil, es una escombrera de yesca y rastrojos desde donde se contemplan los muros exteriores llenos de grietas y desconchones Y todo ello rematado con el cartel de «se vende» en el balcón principal de la casa.

El pasado 19 de junio Velintonia se abrió al público por quinta vez, con ocasión de celebrar la amistad de Vicente Aleixandre y Miguel Hernández y presentar el epistolario inédito de ambos. Organizaron el acto la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre y la Fundación Miguel Hernández. El jardín de la casa se llenó de frescas naranjas («independientemente de la guerra, los naranjos florecían y Miguel siempre que venía a Madrid me traía naranjas», decía Aleixandre) para los invitados.

Por el improvisado escenario, cubierto por una alfombra para disimular las irregularidades del terreno, desfilaron poetas (Juan Carlos Mestre, Javier Lostalé, Vicente Molina Foix), actores (José Sacristán, Miguel Molina), cantantes (Carmen Linares, Luis Eduardo Aute), estudiosos de la obra de Aleixandre y Hernández (Jesucristo Riquelme, Alejandro Sanz) y familiares de ambos (Amaya Aleixandre, Lucía Izquierdo) para celebrar la amistad entrañable que unió a los dos poetas (no en vano, la familia de Miguel Hernández sobrevivió gracias a los giros pecuniarios que le remitía Vicente de manera puntual desde Madrid).

De nuevo se oyeron las voces reivindicativas, esta vez más alto que nunca, pidiendo un acuerdo para que Velintonia no siga en el olvido. Tímidamente se recordó que una de las propuestas electorales de Antonio Miguel Carmona fue hacerse cargo de este chalet y que se convierta por fin en la Casa de la Poesía. Urge una nueva conciencia política que sepa apreciar el legado literario y crítico de Vicente Aleixandre y que se pregunte si en cualquier otro país del mundo sucedería algo similar con la que ha sido la casa de un Premio Nobel de Literatura.

«En esta casa, desde la que le hablo a usted, vivo yo desde el año 1927. Siempre digo, como un recuerdo querido, que a esta casa vine siendo un poeta inédito. Después, en ella, he ido haciendo las cosas de mi vida a través de los sucesivos años. Esta casa tiene un pequeño jardincito, donde yo por las mañanas, con un pequeño capote que tengo para esto, paseo por el jardín y leo un largo rato. Entonces aprovecho y cuido un cedro, no digamos pequeño, porque es muy grande hoy día. Pero yo lo planté hace ya treinta años, y este cedro es un arbolito que era de treinta centímetros cuando yo lo planté y hoy tiene una cantidad de metros inmensa. Lo tenemos que podar constantemente porque, si no, se come y derriba la casa», Vicente Aleixandre.

«Yo conozco un jardín donde es, callado, el amor, donde habitaba la soledad más poblada que era la de la amistad, pues no había despedida y siempre se esperaba al que nunca dejó de estar, donde decir te quiero es irse quedando un día sin aire y más hondamente respirar. Yo conozco un jardín, el de Velintonia, del que no se podía salir sin sentir que unos ojos más allá de la vida una piadosa mirada enviaban al corazón del hombre», Javier Lostalé.



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PedroMix

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Re: La casa de Vicente Aleixandre en la colonia Metropolitano

Mensaje por Anne el Miér Jul 08, 2015 12:06 pm

Antigua casa madrileña de Vicente Aleixandre

« En Madrid, a su luz, todo se ve más claro y terminante, tanto si es un verso de Vicente Aleixandre, como si se trata del mosaico infantil de un puesto de pipas. Porque esta luz no es metafórica, sino luz ensimismada.
Hay fachadas de Madrid que parecen construidas con el único objeto de recoger la luz, para que se vea en el mayor lienzo la luminosidad de la mañana, del mediodía, de la tarde. Hay fachadas en las que la luz de Madrid se expone en todo su esplendor gratuitamente .
A la escrutadora luz de la ciudad, escribe Aleixandre su poema "Antigua casa madrileña" y sobre los casi cuatro siglos de la casa, siglos del Madrid radiante, el poeta de tanta luz lo convierte todo en transparente. » (Aguinaga Un vistazo a la Prensa)

http://www.elpais.com/articulo/radio/television/Ciudad/nombre/elpepirtv/19850912elpepirtv_3/Tes

(segúndo párrafo)

« Algunos años más tarde -había yo cumplido ya los diecisiete- apareció un nuevo libro del poeta: En un vasto dominio. Nos hallábamos, recordémoslo, en un momento azaroso e incierto de la poesía española. Recientes aún las desapariciones de Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas y Carles Riba, y recentísima la de Luis Cernuda, en crisis y en descrédito ya la llamada «poesía social», y todavía no publicados algunos de los principales libros de madurez de los poetas surgidos en los años cincuenta, adquiría aquella nueva entrega de Vicente Aleixandre el valor de un símbolo, un punto de referencia y una guía: gradus ad Parnassum. ¿Cómo no recordar, precisamente aquí, el poema dedicado en aquel libro a la casa de Lope de Vega, cuya custodia corre a cargo de la Real Academia Española? Máxime si se tiene en cuenta que dicho poema, tan bello y conmovedor, no era en el volumen, en modo alguno, un caso aislado. Tiempo adentro, el verbo del poeta descubría ahí lo intemporal; en el pasado, la luz de lo permanente. El cuerpo, el arte, la Historia: encarnaciones de la palabra, y, en ella, de la intemporalidad que denuncia lo esencia.
(…)
Dejadme agregar además otra observación. Os he hablado, hace unos minutos, del poema que Aleixandre dedicó a la casa de Lope de Vega en su libro En un vasto dominio. Poema admirable, que reviví en mi primera visita a aquella casa, en fecha muy reciente: a fines del pasado mes de mayo, tras mi elección, puesto que, en otros viajes, la dispersión de los asuntos pendientes, cuando no el cierre por obras del museo lopesco, había dificultado una peregrinación demasiadas veces aplazada. De regreso, ya en Barcelona, y no antes, quise releer el poema. Posee aquella relampagueante luz imperiosa, de romanticismo trascendido o trascendentalizado hasta las riberas de lo metafísico -casi la versión óptima de un romanticismo que España pudo tener pero al fin y al cabo no tuvo-, en la que, exceptuando algunas zonas de Luis Cernuda, ningún poeta contemporáneo en castellano se ha adentrado tan resuelta y vigorosamente como Aleixandre. ¿Creeréis, empero, que sólo en esta lectura recentísima caí en la cuenta de una errata manifiesta que tal vez sin ni aun advertirlo había subsanado mentalmente hasta entonces? En efecto: el poema se abre con una invocación al dintel, del que se supone que habla con su mero existir material, esto es, en palabras del poeta, «con su dicción antigua, / granito perdurable, sonando, profiriendo». Digo bien: «profiriendo», digo; mas es «prefiriendo» lo que, sorprendentemente, se lee en la primera edición individual del libro en 1962, en la segunda edición de 1977 -que es reproducción fotográfica de aquélla-, en las Obras completas de 1968, en la antología Presencias de 1965 y también en la tercera edición de Mis poemas mejores de 1968, y acabo de citar cinco ediciones de las que Aleixandre pudo, sin embargo, corregir pruebas. De la errata, con todo, no cabe duda alguna, y Carlos Bousoño, poseedor de no pocos manuscritos, la había comentado además con Vicente. » (D. Pere Gimferrer Torrens)
(estos versos en negrita no aparecen en el poema « Antigua casa madrileña »)

No es su casa de Velintonia,3 (hoy Vicente Aleixandre 3 y 5) que es del siglo 20 y no tiene nada que ver con la descripción del poema.

http://www.wikilearning.com/monografia/el_jolgorio_efimero_retratos_a_contraluz_de_5_poetas_del_27-vicente_aleixandre_un_senor_sin_un_rinon/17368-3

EuropaPress 23 de mayo 2007
« Asimismo, destacó (el representante del ministro de Cultura) que la casa necesita una "inversión en restauración muy fuerte" y matizó que el edificio "no tiene ningún valor arquitectónico" "Ni siquiera podríamos declararlo edificio BIC (Bien de Interés Cultural). "Solo tiene un valor simbólico pero el Estado tiene que administrar lo mejor posible los presupuestos y hay un desequilibrio muy grande", añadió. »
Fuente:
http://www.europapress.es/cultura/noticia-cultura-retira-compra-casa-aleixandre-porque-gasto-desproporcionado-logros-20070523220005.html

El poema:

Antigua casa madrileña (de Vicente Aleixandre)

Dura es la mano del que alzó esta piedra.
Dura fue, o fueron manos.
Esta calle se alza en barrio oscuro que huye de las luces novísimas,
rezagada en su historia, casi un túnel
desde “entonces” a “nunca”.
Pero esta casa aún existe.
Aún o todavía son palabras, conceptos que nada tienen que ver con la presencia,
o su materia, y obvios.
Aquí está fundamental. Piedra hacia arriba.
Es esta la fachada: un muro; nunca dicho
mejor: un muro alzado, pertinente, continuo.

Al ras del suelo empieza, en la calle estrechísima,
con voluntad extrema de dejar eso fuera:
toda la calle, y otras: el mundo aquí termina.
Se levantó como un telón macizo, y hacia dentro la vida.
¿Qué veis? Una inmensa pared sin vanos,
determinada, y sólo arriba, en lo alto,
en la esquina final, dos ventanitas,
un agujero doble por donde cumplir solo
el destino animal de echar aliento.
Pero la mole inmensa, sin distracción, recusa
que hacia fuera haya nada: ni luz ni dimensión.
Todo hacia dentro es vida.

La escalera se abre en un rincón opuesto, apenas se abre:
un agujero solo, porque el cuerpo es preciso que alguna vez se rehaga y huya, y vuelva luego.
A su enterizo estar dentro, sin aire, sin luz: su estar completo.
Un estar solo al alma,
solo al alma sombría, porque en sombra la luz se enciende y vese
y arde continua, y dura,
y vence y no se apaga
sino con el morir, que otras llamas alumbra.

Esta casa se hizo en 1607, unas letras lo dicen,
Aún raspadas y vivas. Con un helor luciendo.
Y allá en la ventanita hay humildes macetas, cuatro flores rojizas
y un botón amarillo. Son olor y colores.
Son vida, vida innúmera que se asoma de un ayer de esta calle enterrada,
desde un hoy, desde un nunca.

Vicente Aleixandre (En un vasto dominio, Capítulo I)

Mensaje puesto en el foro en 2008


Última edición por Maya el Sáb Jul 11, 2015 8:05 pm, editado 2 veces (Razón : otra fuente añadida de D. Pere Gimferrer Torrens)
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Anne

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Re: La casa de Vicente Aleixandre en la colonia Metropolitano

Mensaje por Anne el Miér Jul 08, 2015 12:08 pm

Siento no poder dar todas las fuentes de esta recopilación que conservé y muchos enlaces de Internet tuve que retirar porque ya están cerrados.
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Re: La casa de Vicente Aleixandre en la colonia Metropolitano

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