Últimos temas
Buscar
 
 

Resultados por:
 


Rechercher Búsqueda avanzada

Ya a la venta
subir imagenes
El tiempo
Navegación
 Portal
 Índice
 Miembros
 Perfil
 FAQ
 Buscar
Visitas
contador de visitas
Contacto
subir imagenes

El Lope de Vega desconocido, en la obra teatral "Entre Marta y Lope"

 :: Papelera

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

El Lope de Vega desconocido, en la obra teatral "Entre Marta y Lope"

Mensaje por PedroMix el Vie Dic 06, 2013 9:41 pm

El Lope de Vega desconocido, en la obra teatral "Entre Marta y Lope"

Noticia de agencia EFE

¿Qué relación hay entre Lope de Vega e Ingmar Bergman? A priori, ninguna. Sin embargo, el cineasta sueco es uno de los referentes de Gerardo Malla en la obra teatral "Entre Marta y Lope", que dirige y protagoniza y que se representará en el Teatro Español de Madrid hasta el próximo 22 de diciembre.

Y es que "Secretos de matrimonio", de Bergman, ha sido una de las inspiraciones de un texto surgido de la imaginación de Santiago Miralles, pero que ha contado con la colaboración de Malla. Una cooperación que se ha desarrollado a lo largo de dos años, ha explicado hoy el director en una rueda de prensa.

"Entre Marta y Lope" disecciona la relación entre Lope de Vega, uno de los más brillantes autores de las letras españolas, y su última amante, Marta de Nevares. Una historia presentada con un montaje "austero" y "sin adornos", que nos revela una faceta desconocida del poeta y dramaturgo más famoso del Siglo de Oro.

Miralles considera que el que fuera llamado "Fénix de los Ingenios" es un personaje "mal conocido" en la actualidad, a pesar de haber llevado una vida "apasionante y llena de matices".

Miralles quiere alejarse del retrato plano que han mostrado otras representaciones en la ficción de Lope de Vega, para añadir una dimensión con más profundidad y contar tanto "sus grandezas como sus miserias".

Pero si hay una figura desconocida para el público, esa es la de Marta de Nevares, a la que da vida Montse Díez. Una mujer que estuvo "escondida" y que aún hoy se sigue tratando como si fuera un tabú, indica Díez cuando habla de personaje.

A pesar de esto, Marta de Nevares guarda una historia apasionante, la de una mujer que "sufrió por amor" y acabó sus días ciega y loca, aunque teniendo a Lope de Vega a su lado hasta el final. En definitiva, una vida que para una actriz se presenta como "un reto emocionalmente inmenso", reconoce Díez.

Pero no todo en esta obra gira alrededor de la relación amorosa entre sus protagonistas. Gerardo Malla, el encargado de ponerse en la piel de Lope, también destaca que en "Entre Marta y Lope" se refleja un aspecto por el que él se siente atraído personalmente: las relaciones entre "los grandes hombres y el poder".

Un terreno que siempre ha sido "difícil", y que en esta pieza teatral se explora a través del actor César Diéguez, que interpreta al monarca Felipe IV y al Conde Duque de Olivares.

El estreno de "Entre Marta y Lope" se encuadra dentro de los actos del "Ciclo Siglo de Oro", organizado por la Fundación Siglo de Oro y que rinde homenaje a la figura de Lope de Vega.

El ciclo lo completarán reposiciones de sus conocidas obras "El perro del hortelano" y "El castigo sin venganza", así como diferentes conferencias, una exposición y la publicación de textos que versen sobre la figura del autor.
avatar
PedroMix

Mensajes : 224
Fecha de inscripción : 23/07/2010
Edad : 41
Localización : Paso un buen rato haciendo el pato (por Chamberí y Argüelles)

http://www.gateravilla.es

Volver arriba Ir abajo

si,los ultimos años furon dificiles

Mensaje por maec63 el Miér Dic 11, 2013 4:13 pm

En efecto.Lope tuvo que sufrir la ceguera y posterior locura de Marta,tras una relación que podría haberle dado bastantes disgusto, la muerte de un hijo y el rapto de su hija.

Con todo fue esto ultimo, el secuestro de Antonia Clara lo que mas le marco. Quizas pensase que era un castigo por sus amores con Marta.

maec63

Mensajes : 106
Fecha de inscripción : 04/05/2013

Volver arriba Ir abajo

Articulo de Juan Mille Gimenez

Mensaje por Francisco el Dom Mar 02, 2014 3:30 pm

Hola a todos
Encontrado este articulo de Juan Mille Gimenez (1884-1945) profesor que fue de la Universidad de la Plata. Es bastante largo pero no tiene desperdicio alguno. El articulo es de 1930.
LOPE DE VEGA Y LA SUPUESTA POETISA AMARILIS
La modestia exagerada no figuraba, sin duda, entre las cualidades fundamentales de Lope de Vega. Y es mejor así. ¿Para qué le hubiera servido, sino para disminuirle? Pero aun siendo tan relativa la modestia de Lope, acaso para él mismo pudiera hoy resultar desproporcionado el verdadero río de tinta que, con bien poco resultado hasta ahora, ha hecho correr una pequeña e inocente mistificación literaria que cometió la famosa epístola de Amarilis a Belardo (1).
Corrían los años de 1621 y estaban en todo su auge sus amores con doña Marta de Nevares Santoyo, amores escandalosos, puesto que desde hacía siete años era clérigo, pero en los cuales su condición de altísimo poeta y el ambiente, relajadísimo en esta materia, le aseguraban la impunidad. Claro está que a pesar de esa impunidad era necesario proceder con cautela. Una elemental prudencia aconsejaba emplear seudónimos, más o menos transparentes, en los desahogos poéticos de este amor escandaloso y reprobable. Lope era, sin embargo, lo que se llama un «perro viejo» en tales materias. Casi todos sus amores habían sido también escandalosos y reprobables, y desde hacía mucho tiempo poseía el arte de acomodar a las figuras de carne y hueso de sus enamoradas esos velos ideales y vaporosos que, convirtiéndolas en heroínas legendarias y novelescas, dificultaban una identificación demasiado flagrante.
Y he aquí que en un libro de varias materias, La Filomena, que apareció en Madrid en el año indicado (2), salió con una contestación del poeta, cierta epístola que una poetisa peruana, apasionada suya—que se encubría bajo el seudónimo de Amarilis—le dirigía desde,.., el otro mundo, o sea desde la ciudad de Lima, en el fabuloso Perú. La epístola nos da acerca del asunto los detalles más novelescos: se trata de una monja, enamorada de oídas de los grandes talentos de Lope, que le escribe desde el Perú para desahogar su platónica pasión, a pesar del obstáculo de algunos miles de leguas. Pero si el asunto era novelesco, no era alarmante, ni desacostumbrado.
¡Extraña manía del tiempo—y mucho menos pecaminosa de lo que algunos maliciosos podrían creer—la manía de los «devotos de monjas"!
Recordemos las intencionadas pullas de Quevedo cuando zahiriendo a Montalbán—clérigo también y predilecto discípulo de Lope—le recuerda que era «pretendiente de Antecristo, por los locutorios, a ratos» (3).
Esta reverenda señora, corresponsal de Lope, tiene buen cuidado de deslizar en el cuerpo de la epístola algunos otros datos biográficos que habían de contribuir—Lope conocía muy bien la estrategia literaria, y de ello hay hartas pruebas en su larga obra—a llamar la atención sobre su persona. Su rancia hidalguía proviene de dos abuelos, que vinieron al Perú entre los compañeros de Pizarro, y figuraron entre los fundadores de la ciudad de León de los Caballeros, o sea Huánuco.
«Cuando Pizarro con su flota vino
fundó ciudades y dejó memorias
que eternas quedarán en las historias;
a quien un valle ameno,
de tantos bienes y delicias lleno,
que siempre es primavera,
merced del dueño de la cuarta esfera,
la ciudad de León fue edificada,
y con hado dichoso,
quedó de héroes fortísimos poblada.
Es frontera de bárbaros, y ha sido
terror de los tiranos que intentaron
contra su Rey enarbolar bandera:
al que en Jauja por ellos fue rendido
su atrevido estandarte le arrastraron,
y volvieron el reino a cuyo era.
Bien pudiera, Belardo, si quisiera,
en gracia de los cielos
decirte hazañas de mis dos abuelos
que aqueste Nuevo Mundo conquistaron
y esta ciudad también edificaron,
do vasallos tuvieron,
y por su Rey su vida y sangre dieron.
Mas el discurso largo,
que la fama ha tomado ya a su cargo,
si acaso la desgracia desta tierra
que corre en este tiempo
tantos ilustres méritos no entierra» (4).
(1) Figura en las Obras sueltas, de Lope, tomo I, pags. 457 a 467: y la contestación del poeta en el tomo I, págs. 468 a 476.
(2) véase nuestros apuntes para una bibliografía de las obras no dramáticas atribuidas a Lope de Vega, número 74, apud Revue Hispanique, tomo LXXIV, págs, 339 y 391.
(3) Biblioteca de Autores Españoles, tomo LXVIII pág. 468.
(4) Obras sueltas, lugar citado, los primeros diez versos no tienen perfecto sentido gramatical. Sin embargo así figuran también en la edición princeps de La Filomena. Madrid 1621 (Folios 140 v, y 141). Acaso deba leerse «de quien», o « por quien valle ameno». Notese que aunque fue Gómez de Alvarado quien fundo la ciudad, lo hizo con poderes de Pizarro. (Cieza de Leon, La crónica del Peru, apud Biblioteca de Autores Españoles tomo XXVI pág. 428)
La heroína de Lope continúa, pues, relatando cómo juntamente con una hermana menor, Belísa, quedaron huérfanas en temprana edad, y al cuidado de una tía; pero no por ello se resintió su educación. Amarilis salió inclinada a las letras, y profesó. En cuanto a la otra está casada.
« Mi hermana, aunque menor, tiene más brío
y partes por quien es muy conocidas;
al fin todas han sido merecidas
con alegre himeneo
de un joven venturoso, que en trofeo
a su fortuna y vencedora palma
alegre la rindió prendas del alma» (1).
La epístola termina con una exhortación a Lope para que escriba la Vida de Santa Dorotea... y Lope la cumplió algunos años después escribiendo la de aquella otra Dorotea, que tuvo tan poco de santa.
El gran poeta aparece en seguida terciando la pluma y dirigiendo a su lejana corresponsal una epístola donde le devuelve sus flores y hace de paso una interesante relación de su vida. Y ¿quién diría que en esta justa el premio correspondería de derecho, no a Lope, el « monstruo de la naturaleza», sino a esta oscura y desconocida poetisa indiana? Así es, sin embargo, y para nosotros la explicación es clara: Lope podía derrotarse a sí mismo. Puede tener parte de la culpa la combinación métrica empleada (Amarilis usa de las estancias, y Lope de los tercetos), pero ello es que los versos puestos en nombre de Amarilis resultan más dulces y blandos, en tanto que los tercetos parecen más secos y conceptuosos (2).
Tratemos ahora de aclarar lo que la supuesta poetisa Amarilis dice de sí y de su país.
El primero de los dos pasajes de su epístola que acabamos de copiar podría dividirse, a su vez, en dos partes: en los primeros diez y seis versos da razón Amarilis de la fundación de la ciudad de León, y su población por hombres valerosos, que luego habían de vencer en Jauja a cierto rebelde; en la parte final se refiere ya concretamente a dos de sus abuelos, fundadores de esa ciudad, que dieron su vida por la causa del rey.
Desde luego, la ciudad aludida es Leon de los Caballeros, fundada. por Gómez de Alvarado, con poderes de Pizarro, en 1539, al lado de la antigua población quichua de Huánuco o Guánuco, y llamada a veces con el mismo nombre de ésta, que sin duda llevó hasta que el licenciado Vaca de Castro la llamó León, en memoria de la ciudad de España, de que era natural (3).
Un pasaje de la Descripción de fray Reginaldo de Lizárraga (4) puede servir para aclarar en gran manera el texto de los primeros diez y seis versos:
«La ciudad de Guánuco—dice—es nombrada de los Caballeros, porque se pobló de hombres muy nobles... De aquí salieron el capitán Serna y Juan Tello, los cuales teniendo rendido a Francisco Hernández Girón, que fue tirano, llegó el capitán Juan de la Sema, echóle mano y prendióle, y llevóse la honra de la prisión, con lo cual se acabó aquella rebelión »
Amarilis, pues, se dice nieta de dos hidalgos, pobladores de Huánuco, que dieron su vida por el rey. Es de notar que la ciudad, apenas fundada en 1539, se despobló por un alzamiento de indios, hasta que la restableció Pedro Barroso, quedando por último confiada, su gobernación (1542) a Pedro de Puelles (+ 1.547), que durante la rebelión de los Pizarros (1544-1548), siguió el partido de éstos. De inmediato ocurrió el alzamiento de Francisco Hernández Girón (+1554), durante el cual es de suponer que la ciudad seguiría el bando de los leales. De suerte que parece lo más probable referir la muerte de los abuelos de la supuesta Amarilis al primitivo período de la fundación de la ciudad, o al de la rebeldía de Hernández Girón, más bien que al intermedio, ya que durante la mayor parte de éste las gentes de Huánuco dieron su sangre, no por la causa del rey, sino por la de los sublevados (5).
Para rastrear la pista de los abuelos de Amarilis entre las familias de los conquistadores sería necesario internarse, con el hacha en la mano por entre la enmarañada floresta de nuestros cronistas de Indias en este período de sangre y desorden. Allí nos saldría al paso, dominando las contrapuestas ambiciones con su potente mano, cuya férrea contextura se disimulaba bajo el guante de seda del eclesiástico, una de las más grandes figuras de la época colonial: el licenciado D. Pedro de la Gasca; allí contemplaríamos la lucha de esos desmesurados titanes: Pizarro, Almagro, Valdivia, ebrios a la vez de gloria, de sangre, de poder y de oro; lloraríamos el hado fatal del virrey Blasco Núñez Vela, tan leal y bien intencionado como porfiado e incomprensivo; y acaso atraería también nuestras miradas la figura siniestra del «demonio de los Andes », Francisco de Carvajal, que teniendo muchas de las cualidades de un gran capitán, las frustró y deshonró con su baja mentalidad, su crueldad y su codicia... (6).

(1) Doña Antonia de Nevares, hermana, a lo que parece, de doña Marta, fue poetisa, o figura como tal- Poesías atribuidas a ella salieron en la Relación de las fiestas de la canonización de San Isidro (Madrid, 1622), y en los Triunfos divinos, de Lope. Madrid, 1626. (Vid. Serrano y Sanz, Apuntes para una biblioteca de escritoras españolas, Lomo II, pag. 75, así como Obras sueltas, tomo XII, pág. 270, y XIII, pág. 20.)
(2) Véase la opinión que manifiesta Menéndez y Pelayo en Obras completas, tonto II, páginas 153 a 163.
(3) Cieza de León, Crónica de Perú apud Biblioteca de Autores Españoles, tomo XXVI,
pág. 498; Agustín de Zarate Historia del Perú, apud Biblioteca de Autores Españoles. pág. 470.
(4) En la edición publicada por el gran escritor argentino Ricardo Rojas (Buenos Aires año 1916), bajo el titulo de Descripción Colonial, figura en el tomo I, pág. 185. Véase también la edición del Sr. Serrano y Sanz en la Nueva Biblioteca de Autores Españoles, tomo XV.
(5) Cieza de León, loc, cit.; Agustín de Zarate, op. cit., pág. 514; Diego Fernández, Primera parte de la historia del Perú, tomo II. Madrid, 1914, págs. 83, 84, 178, 252 y 254. En el periodo final de la rebelión de los Pizarros parece que la gente de Huánuco, se puso en contra de Pizarro (Diego Fernández, op. cit., tomo II. Madrid. 1914, págs. 280, 345 y 419), Vid, también Luis Alberto Sánchez, Historia de la literatura peruana, tomo I. Lima, 1921, págs. 139 a 143; La Barrera, Nueva biografia, pags, 19 y 20, y Menéndez y Pelayo, Obras completas, tomo II, págs. 153 a 163. De las revueltas promovidas por Hernández Giron trata una de las «Varias relaciones», incluidas en el tomo XIII de la Colección de libros raros y curiosos. No he podido consultarla, como me proponía, para ver si contiene algo interesante para nuestro objeto.
(6) Son notabilísimos los dichos y ocurrencias que en la mencionada obra de Diego Fernández se atribuyen a este siniestro personaje, y acreditan en él tanto ingenio y despejo como maldad.
Pero toda esta difícil investigación podría acaso resultar tan eficaz como la que emprendiésemos para averiguar la parentela, hasta el quinto grado inclusive, de Don Quijote de la Mancha, de Pablillos el Buscón y de la madre Celestina. Es preferible tomar el asunto por otra faz, y tratar de exponer las hipótesis que se han manifestado acerca de la personalidad de la supuesta poetisa.
¿Quién era esta desconocida poetisa Amarilis? Los contemporáneos guardan silencio. Es desesperante la reserva de los españoles del Siglo de Oro. Nuestra historia literaria carece casi en absoluto de esas memorias que, bien aprovechadas por los franceses, tanta luz han dado sobre la vida de sus grandes escritores. Solamente podemos traer a colación una alusión bastante oscura, del mismo Lope, que nueve años más tarde, en el de 1630, publicó el Laurel de Apolo, y allí, olvidado de que había hecho a Amarilis peruana—y acaso, mejor que olvidadizo, burlón—, envía la poetisa a Colombia.
«Santa Fe de Bogotá bien quisiera
que su Amarilis el laurel ganara,
como su fénix rara,
y que el mejor de España le perdiera;
mas dice en medio el mar que se contente
de que la llame Sol el occidente,
porque estar en dos mundos no podía
sin ser el uno noche, el otro día» (1).
Después se hace el silencio alrededor del nombre de la poetisa, y solamente en los tiempos modernos comienza a tratarse de desvelar el seudónimo. El gran maestro D. Marcelino Menéndez y Pelayo (2), siguiendo a La Barrera (3), afirma que hubo de llamarse doña María de Alvarado. Hay quien sospecha que fue hija de Diego de Aguilar y Córdoba; Mendiburu la hace hermana de doña Isabel de Figueroa; según D. José Toribio Medina era hija del famoso doctor D. Francisco de Figueroa, y por fin D. Luis Alberto Sánchez, el último de los escritores que han tratado de resolver esta cuestión, cree que se llamó doña María Tello de Lara (4).
Omitiremos tratar de las razones en que cada uno de esos señores ha fundamentado su conjetura. Entre los nombres citados los hay muy respetables, y alguno de ellos, como el de D. Marcelino, es para nosotros objeto de especial reverencia; pero (amicus Plato, sed magis árnica ventas) seguimos la doctrina que él practicaba. En realidad, en ningún caso se ha probado que alguna de las candidatas fuese poetisa, o a lo menos escritora de cierta importancia, y las inferencias se basan meramente en el hecho de ser las señoras nombradas descendientes de los fundadores de la ciudad de León de los Caballeros, tal como de sí misma afirmaba Amarilis. Ello no es suficiente para que la identificación pueda quedar establecida.
Queda aun otra solución, patrocinada por Asenjo Barbieri (5). Para, él, Amarilis es la misma doña Marta de Nevares Santoyo, « quien valiéndose de una ficción muy a la moda en aquella época, escribió a su amante Lope (Belardo) para atraerle de nuevo a sus brazos, después del retraimiento voluntario a que él se había condenado por alguna causa de las que suelen turbar la paz de los enamorados »...
Asenjo y Barbieri anduvo, efectivamente, muy cerca de hallar, la solución:
« ¿Será tal vez el mono? ¡Cerca le andas!
¿El mico? ¡Que te quemas! (6).
Pero no dio tampoco con ella. No conocemos un Solo verso de doña Marta, y si conociéramos algunos, muy buenos habrían de ser para que a base de ellos hubiéramos de prohijarle la famosa epístola. Es cierto que Lope le dedica en alguna ocasión un elogio hiperbólico y descomunal: « Si vuesa merced hace versos, se rinden Laura Terracina, Ana Bíns, alemana; Safo, griega; Valeria, latina, y Argentaría, española; si toma en sus manos un instrumento, a su divina voz e incomparable destreza, el padre de esta música, Vicente Espinel, se suspendiera atónito; si escribe un papel, la lengua castellana compite con la mejor, la pureza del hablar cortesano cobra arrogancia, el donaire iguala a la gravedad y lo grave a la dulzura; si danza, parece que con el aire se lleva tras sí los ojos, con la disposición las almas, y que con los chapines pisa los deseos» (7). No dudamos de que habría algo de verdad; pero « erá pintar como querer, y... estaba enamorado el pintor.» Téngase en cuenta que Lope no era nada parco en los elogios. Helo aquí, escribiendo al Duque de Sessa—que era un pobre majadero— y diciéndole: « Si algún consuelo tengo, es que V. E. escribe tanto mejor que yo, que no he visto en mi vida quien le iguale, y pues esto es verdad infalible, y no excusa mía...» (Cool. Corramos un velo sobre tamaña adulación; y recordemos también que en algunos libros de Lope figuran composiciones poéticas de una de sus amadas, Lucinda, que, según ha probado el gran erudito Rodríguez Marín, no sabía escribir (9); hay que suponer, piadosa o mejor dicho cándidamente, que dictaría sus composiciones a Lope, y que lo mismo, ni más ni menos (aunque ésta sí supiera escribir), haría Amarilis.
(1) Biblioteca de Autores Españoles, lomo XXXVIII, pág. 192. Recuérdese también que Lope designaba a doña Marta con el nombre político de « Amarilis».
(2) Lugar precedentemente citado. Vease también Horacio en España, segunda edición. Madrid, 1880, tomo II, pág. 98, nota.
(3) La Barrera, nueva biografia, págs. 19 y 20).
(4) Lugar más arriba citado.
(5) José Ibero Rivas y Canfranc (seudónimo de Asenjo Barbieri, Ultimos amores de Lope de Vega, Madrid, 1876, pág. 125 y 126,
(6) Samaniego, Fabulas. apud Biblioteca de Autores Españoles, tomo LXI, pág. 384.
(7) Dedicatoria, en 1610, de La viuda valenciana, apud Biblioteca de Autores Españoles, tomo XXIV, pág. 68- Laura Terracina fue una poetisa napolitana del Siglo XVI (Flamini, Il Cinquecento Milano, Vallardi sin a., pag. 194). Ana Bins (1494 a 1575), poetisa y maestra en Amberes, fue defensora acérrima del catolicismo. Lope cita sus canticos latinos en las notas a la Jerusalem (Vid Revista de filología española, año 1927, pág. 283, y Obras sueltas, tomo XIV, pág. 552). Sobre Argentaria Pola (Vid. Lope de Vega. Laurel de Apolo, apud Biblioteca de Autores Españoles tomo XXXVIII, pág. 196.)
(Cool Últimos amores, citados. De la ingratitud del duque para con la memoria de Lope ha tratado recientemente mi amigo D. Joaquín de Entrambasaguas en un notable trabajo (Nueva investigación sobre tos restos de Lope de Vega. Madrid, 1928). El mismo señor ha de escribir pronto, con datos sumamente interesantes, sobre los cuales nada me corresponde anticipar aquí, acerca de la extraña personalidad del protector del poeta.
(9) F. Rodríguez Marín, Lope de Vega y Camila Lucinda, apud Boletín de la Real Academia
Española, tomo I. Madrid, 1914, pags. 24 y 39 de la tirada aparte. En los Triunfos divinos (Obras sueltas, tomo XIII, pág. XIX) se inserta una poesía atribuida a Feliciana, hija de Lope, que entonces tenía doce años.
Hace mucho tiempo que venía concretándose en nuestro espíritu la opinión que ahora exponemos; pero de pronto el hallazgo de un nuevo dato ha venido a precisarla del todo, y hemos podido ver, como por un resquicio, la verdad. Estudiando cierta curiosísima colección de Dichos y hechos de Felipe II, que publicó en Sevilla, 1639, el licenciado Baltasar Porreño, encontramos el pasaje siguiente: «El pueblo de Fuencarral, a dos leguas de Madrid, dio a S. M. la ermita de Nuestra Señora de Valverde, y el título, la imagen, ornamentos y plata, y S. M. lo dio a Juan Ruiz de Velasco, de su Cámara, caballero del hábito de Santiago, a quien amó mucho S. M., dándole a entender gustaría fuese de frailes de Santo Domingo, y el dicho Juan Ruiz de Velasco, alcaide de las torres y castillo de la ciudad de León, y su mujer, doña Isabel de Nevares y Santoyo, en 30 de abril del año de 1598, hicieron escritura de fundación con la orden de Santo Domingo, y dieron a la casa 300 ducados de renta, en un juro sobre las alcabalas de Uceda, y asimismo dieron, en preseas y cosas para la sacristía y convento, más de 16.000 ducados (1).
Interesante hallazgo es, por cierto, el de este caballero; rico, con favor en la corte, casado con una señora que llevaba el mismo apellido de doña Marta, y que era alcaide de las torres y castillo de la ciudad de León, No creemos que se trate de la ciudad española, sino de su homónima peruana: León de Huánuco, a la que se refería Amarilis. Existen aún en la León española las torres romanas de la antigua Legio Séptima Gemina; pero ahora no hay, ni por entonces creemos que habría, castillo alguno. En cambio sí que hay en la ciudad peruana un viejo palacio de los Incas, o acaso anterior a ellos, al cual todavía dan los naturales el nombre de el Castillo (2). De ese castillo y ciudad podemos, pues —a lo que creo, con bastante verosimilitud—, suponer que era alcaide este presunto pariente de doña Marta. ¿Respondía ello a servicios prestados por él o por alguno de sus allegados a la causa real durante las terribles peripecias de las guerras civiles del Perú? Es muy creíble. Acaso puedan hallarse en el Archivo de Indias, o en el de la Orden de Santiago, las pruebas que lo demuestren.
Entretanto que se consigue, contentémonos con hacer aquí un resumen de lo que se ha investigado hasta ahora acerca de la familia de Nevares Santoyo.
El primer miembro de ella que nos sea conocido parece ser un cierto Sebastián Nevares de Santoyo, o Sebastián Cordero Nevares de Santoyo, natural de Santoyo, y casado con María Ramírez, natural de Madrid. Fue ayuda de cámara de Felipe II y gozó un gran predicamento con el severo rey. Acaso falleció hacia 1589 (3). Cítale Montalbán —recogiendo probablemente la tradición de la familia de doña Marta y de Lope de Vega—en su comedia el segundo Séneca de España. En una de las escenas, Santoyo, que dormita cerca de la cámara donde el rey vela y trabaja, se ve sorprendido por la llegada de Felipe II, que le presenta, para que la seque, una carta recién escrita, y, aturdido, derrama sobre ella el tintero en lugar de la salvadera (4); en otra escena, don Cristóbal de Moura y un criado comentan la muerte del ayuda de cámara:
ALVARO. ¡Murió Santoyo!
DON CRIST. A todos ha pesado.
ALVARO. ¡Quísole bien el rey!
DON CRIST. Su amigo era.
Quevedo, cuyos padres fueron también criados de Palacio, y que siempre quiso tan mal a Montalbán, se burló donosamente de este pasaje en La Perinola: «Hombre que dice que el rey era amigo de Santoyo (siendo aquella majestad que saben todos y Santoyo su ayuda de cámara), si borra, ¿cómo deja esto así? ¿Para cuándo guarda los borrones? La vieja que oyó decir Santoyo y murió, asiendo del Santo, dijo con la voz oleada: «Cuando murió ese bendito Santo, ¿se tocaron las campanas?» Cosa que se rió a gestos entre todos, porque la vieja no se corriese» (5).
Pero no concedamos mayor importancia a estas bufonadas. Quevedo no era hombre de dejar pasar la ocasión de lograr un chiste a costa de un enemigo. Él también era hijo de criados de Palacio, y no por eso dejaba de presumir de su limpia ascendencia hidalga y montañesa, como lo era también la de los Nevares (6). Por otra parte, estaba muy en el carácter de Felipe II hermanar su severidad personal y su culto a la majestad de la realeza, con cierta benevolente condescendencia para con sus dependientes y allegados.
(1) Porreño, Dichos y Hechos Valladolid 1863 pags. 191 y 192. El texto de esa edición dice « Novares »; pero es notoria errata. Doña Isabel de Nevares y Santoyo, viuda de D. Juan Ruiz de Velasco, figura autorizando en Valladolid, en 1604, el mismo año precisamente que se casaba, en la misma ciudad doña Marta, cierta escritura (N. Alonso Cortes, Anotaciones literarias. Valladolid, 1922 pág. 123), En la Academia de la Historia hay dos cartas suyas al conde de Gondomar; una de ellas fechada en Madrid en 1593 (Serrano y Sanz, op. cit., tomo II, pág. 78), El convento de Fuencarral es el llamado de Nuestra Señora de Valverde (Garma, Theatro universal de España, tomo II. Madrid, 1738, pág. 202.)
(2) Diccionario enciclopédico hispano americano, verb. «Huánuco».
(3) Serrano y Sanz, obra y lugar citados; Porreño, obra cit., págs. 26 y 92,
(4) Montalbán da en esta anecdota a Santoyo el lugar que parece más bien corresponder a D. Diego de Córdoba (Vid. Ezio Levi, Il Príncipe Don Carlos. Roma, s. a., págs. 144 y 200.)
(5) Biblioteca de Autores Españoles, tomo XLVIII, pag. 471.
(6) « Desde entonces me llamaron| puesto que mis padres eran | Nevares de la Montaña, | limpios como nieve en ellas | el sacristán Cordobilla…» Versos que Lope pone en boca de Antonia Clara, en la loa, ya conocida, que precede a la égloga Antonia, descubierta y publicada por el ilustre poeta D, Manuel Machado (REV. DE LA BIBL. ARCH. Y MUSEO del Ayuntamiento de Madrid, tomo I, año 1924, pág., 473).
Precisamente podemos encontrar una prueba de ello en algo que sucedió a D. Francisco Nevares Santoyo (que debió de fallecer hacia 1630), hijo de Sebastián, y heredero no sólo de su cargo, sino también de la confianza y la benevolencia real. Hallábase el viejo rey ya agonizante, y gustaba de que en aquel trance le leyese D. Francisco la pasión de Nuestro Señor, «y estándosela leyendo levantó los ojos el gran monarca, y, puestos en él, le dijo; Sentaos. Temió y estimó D. Francisco el gran favor, rehusó humilde Y estimó prudente. Volvió segunda vez a mirarle, estimando de D. Francisco su prudencia, y díjole el rey: Sentaos. Hay quien le oyó decir a D. Francisco que entendió era tan grande favor hijo del delirio de la muerte. Levantó tercera vez los ojos el gran monarca, y le dijo: Sentaos, que sois hombre, D. Francisco. Obedeció prudente y estimó advertido" (1). Este D. Francisco debió de ser en gran manera favorecido por el rey. Los pleitos seguidos después de su muerte entre su viuda, doña Isabel de Moxica, y sus dos hermanas, doña Luisa de Nevares Santoyo, viuda de D. García Bravo de Acuña, caballero de Santiago y castellano del castillo de Milán, y doña Dionisia de Nevares Santoyo, viuda de D. Rodrigo Antonio Pacheco, caballero de Santiago y señor de Minaya, así como el sermón que se predicó en sus honras fúnebres en el convento de frailes franciscanos de Santa Ana, en Alcalá de Henares, del cual era patrón, nos ilustran suficientemente acerca del crecimiento de fortuna y consideración que había experimentado su familia. Sabemos también que uno de sus hijos, D. Antonio, se cruzó como caballero de Santiago en 1660 (2).
Parientes de éstos habían de ser también cierto D. Diego Nevares de Santoyo, acroy de S. M. en 1593 y caballero de Santiago en 1599, y doña Catalina Nevares de Santoyo, casada en 1591 con D. Juan Enríquez de Cisneros (3).
En cuanto al mencionado D. Juan Ruiz de Velasco, alcaide de las torres y castillo de León, y casado con doña Isabel de Nevares y Santoyo, fue también de la Cámara de Felipe II, especie de secretario y tesorero privado del rey, encargado de distribuir sus limosnas, como hombre de toda su confianza. Le sirvió fielmente durante veinticuatro años (1574 a 1598) y le asistió de continuo, durante su última enfermedad, en 1598. Aunque en alguna ocasión se le menciona como cronista mayor de Indias, ha de tratarse de una confusión con Juan López de Velasco. Se cruzó como caballero de Santiago en 1599. Después fue secretario de la esposa de Felipe III, que ante él otorgó testamento, y luego secretario de la Cámara. Debió de fallecer entre 1602 y 1604 (4). Su mujer, doña Isabel, podría ser fácilmente la tía a que se refiere la supuesta Amarilis (5).
Vemos, pues, que todos estos Nevares eran gente linajuda y que habían sabido aprovechar el favor real. Pero ¿qué parentesco les ligaba con la amada de Lope? He aquí lo que por el momento no conocemos, y lo que acaso sería muy fácil de conocer si se examinasen con ese objeto las informaciones se hubieron de levantar, al cruzarse en las órdenes militares algunos de los caballeros nombrados. Tendremos que contentarnos por ahora con saber—tal como resulta de las partidas de desposorio y casa miento de doña Marta, exhumadas por mi ilustre amigo D. Narciso Alonso Cortés (6), fechadas en Valladolid, en abril-agosto de 1604—que la dama era hija de Matías de Nevares Santoyo y de doña Mariana de Cepeda, habitantes por aquel entonces en Valladolid, corte de Felipe III, donde se hallaba también la viuda de D. Juan Ruiz de Velasco, doña Isabel de Nevares.
De la parentela más inmediata de doña Marta solamente conocemos a su ya citada hermana doña Antonia y a cierta doña Leonor de Nevares, casada con un tal Estrada, músico, la cual falleció en 1621 (7).
Quede, pues, esta investigación aquí, y esperemos a que nuevos documentos acaben de explicarnos la vinculación de la familia de nuestra supuesta poetisa con «las Indias del Perú», la fabulosa tierra del oro.
JUAN MILLÉ Y GIMÉNEZ 1930
(1) Sermón predicado en las honras fúnebres de D. Francisco, extractado por el Sr, Serrano y Sanz, obra y lugar citados.
(2) Serrano y Sanz, obra y lugar citados.
(3) Serrano y Sanz, obra y lugar diados: Cabrera, Felipe II, tomo IV, pág. 94; Perez Pastor, Noticias y documentos, tomo I, pág. 278.
(4) Cabrera, Felipe II, tomo III, págs. 35 y 474; tomo IV, págs. 203, 303, 311, 312, 317 y 321;
Cabrera, Relaciones, pags. 33, 114, 150, 259 y 648; Parreño, Dichos y hechos, pág. 94. De cierta carta dirigida en 1593 por Juan Bautista Confalonieri a D. Juan Ruiz de Velasco, trata el gran maestro y querido amigo mío Arturo Farinelli en sus eruditísimos Viajes por España y Portugal. Madrid, año 1921, pág. 146.
(5) Obras sueltas, tomo I, pág. 462.
(6) Narciso Alonso Cortes, Anotaciones Literarias. Valladolid, 1922, págs. 122 y 123.
(7) Serrano y Sanz, op. cit., tomo II, pag. 75; Pérez Pastor, Noticias y Documentos, tomo I pág. 285 Luis Fernández Guerra, Don Juan Ruiz de Alarcón pág. 336; Asenjo Barbieri, Últimos amores, págs. 89 y 91. Terminada ya la redacción del presente trabajo, hallo en el Diccionario biográfico colonial de Chile, Santiago de Chile. 1906, págs. 569 y 570, por el eminente historiador y bibliógrafo D. José T. Medina, la mención de cierto D. Luis de Nevares y Castillo [¿será este segundo apellido una mala transcripción de Santoyo?] que sirvió en el Perú en diversas ocasiones. Las fechas que a propósito de él se mencionan van desde 1581 a 1618, fecha esta última en que aun se hallaba en Lima. Es muy creíble que fuese pariente de doña Marta.

Francisco

Mensajes : 17
Fecha de inscripción : 26/07/2010

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lope de Vega desconocido, en la obra teatral "Entre Marta y Lope"

Mensaje por mary fely el Mar Mar 04, 2014 3:05 am

Ha sido un placer leeros; conocía el tema pero con vuestras aportaciones he aprendido a conocer mucho mejor a Lope de Vega.

mary fely

Mensajes : 962
Fecha de inscripción : 24/07/2010

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lope de Vega desconocido, en la obra teatral "Entre Marta y Lope"

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 :: Papelera

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.